Las cuatro rosas (I): La inocencia de Naíra
Las tres estaban de pie, esperando nerviosas. Tenían ante ellas toda clase de material, cuidadosamente distribuido sobre una gran mesa de más de dos metros de largo. Lyanna se había adelantado, y había ido antes que ellas a la mazmorra a prepararlo todo minuciosamente.
Nada más llegar sus amigas, les ordenó que fueran a cambiarse. Había dispuesto el local y su propio material, pero ella iba aún vestida de calle. Era la primera vez que iban a sesionar las cuatro juntas, aunque Naíra ya había sesionado con ella en alguna ocasión. Habían negociado y planificado la sesión a grandes rasgos entre todas, tratando gustos y límites de todas las integrantes, pero los detalles corrían única y exclusivamente a cargo de Lyanna.
¿La razón? Que era ella quien iba a dominarlas a todas aquella tarde.
Era meticulosa a la hora de dominar. Le gustaba impresionar al comenzar sus sesiones; quería tener siempre la certeza de que quien se sometía a ella entendiera la situación en la que se encontraba y comenzase a sentirse vulnerable antes siquiera de empezar a hacer nada, más allá de la excitación previa a la sesión, por supuesto. Lo que había hecho en esa ocasión era un clásico en ella.
No les había dado instrucciones acerca de qué ponerse, ni nada por el estilo. Siendo su primera vez todas juntas, había preferido dejarles esa libertad, al menos por esa vez. Lo único que sí que les ordenó fue que no se pusieran nada que complicase mucho el acceso a sus zonas erógenas. Le daba igual que se las taparan, pero lo que no quería era tardar más de medio segundo en acceder a cualquiera de ellas cuando se lo propusiera.
Lyanna se limitó a matar el tiempo en la mazmorra principal, sentada, esperando pacientemente. Una vez las tres estuvieron listas, no se cortó en lanzarles piropos por sus conjuntos, felicitando a Lydia y a Ares en especial por ir vestidas a juego. Dos conjuntos de vinilo negros, compuestos por un top de tirantes y unos brazales que les cubrían desde las muñecas hasta más allá del codo, casi llegando al hombro. Para la parte inferior, habían escogido sendas faldas negras, de corta longitud, combinadas con medias de rejilla en el caso de Lydia y lisas en el caso de Ares. Por su parte, Naíra había escogido un conjunto algo diferente, compuesto por un bolero negro de manga larga, unas medias de vinilo que le cubrían hasta la mitad de los muslos y unos brazales similares a los de sus amigas. Todo de vinilo, como era costumbre en el grupo.
Bueno, y también sus bragas, sin nada más que las tapase.
Pensaba que esta vez se pondría el conjunto que le sugerí el otro día — se dijo Lyanna a sí misma al contemplar a Naíra —, la camisa blanca larga sin nada debajo. Eso, junto con las medias y los brazales le queda de miedo. La próxima vez seré más estricta con la vestimenta, eso seguro.
Poco después, fue Lyanna la que se dispuso a cambiarse. Las había dejado a las tres allí solas, indicándoles que dejaran sus juguetes listos en el pequeño hueco de la mesa que había dejado vacío para ellas. Lyanna por sí sola tenía muchos más trastos que ellas tres juntas. Incluso la propia Naíra, que ya había visto parte del arsenal de su amiga, estaba alucinada contemplando la cantidad de cosas que había preparado para aquella sesión.
Para Lyanna, la sesión había empezado en el momento en que ella las había dejado solas. El dejarlas unos minutos, contemplando todo lo que tenía pensado usar con ellas, sin avisarlas siquiera de la cantidad de cosas que pensaba traer, era parte de las sensaciones que quería provocar en ellas. La euforia, la anticipación, la intriga o incluso cierto temor. Todas las emociones eran importantes, y eso era algo que se conseguía, especialmente, con los pequeños detalles.
Y esa era precisamente su especialidad como dominante: los pequeños detalles. Eran lo más importante en cualquier sesión para ella, algo en lo que ponía especial dedicación y un gran esfuerzo en cualquier ocasión, sin importar las circunstancias. Mientras se vestía, fantaseaba con la impresión que podría haber causado en sus amigas el presentarles sin previo aviso todo lo que había traído: desde clásicos del bondage como cuerdas, rollos de cinta y varios tipos de mordazas; hasta elementos más inusuales como una rueda de Wartemberg, un dispositivo de electroestimulación y una camisa de fuerza; sin olvidar todos los juguetes de spanking.
En la sala Lydia, Naíra y Ares conversaban acerca de todo el material que tenían delante, sin elevar demasiado la voz para que Lyanna no las escuchara. En realidad, el hablar en voz baja era fruto de la impresión que se acababan de llevar y el hecho de que se sentían ligeramente intimidadas, en especial Lydia y Ares. Ares incluso no sabía de la mera existencia de algunos juguetes, como aquella especie de rodillo lleno de agujas metálicas que le había causado un ligero sobresalto.
Esa sensación de intimidación era justo lo que su Dominante esperaba causarles, sin que ellas lo supieran. A Lyanna le encantaba la idea de jugar con las emociones en las sesiones de tantas formas y a veces en tanto nivel de detalle, que en muchas ocasiones la otra parte ni siquiera se daba cuenta, y eso era algo que a ella le fascinaba. Le resultaba precioso, y lo disfrutaba.
Lo disfrutaba muchísimo.
No tardó en estar lista, y enseguida regresó junto al resto de chicas. Sin articular siquiera una palabra, dejó que contemplaran por un momento lo que se había puesto. Su conjunto constaba de unos brazales que le cubrían las manos pero no los dedos al completo y de la misma longitud que los de sus amigas; un precioso top negro con una cremallera muy visible en la parte delantera, que podía darle mucho juego en determinadas circunstancias; una falda oscura y unas medias oscuras con ligueros. Se había puesto unas botas con tacones de plataforma, más altos que los de sus amigas. De ellas, solamente Naíra llevaba tacones, mientras que el resto iban descalzas.
Había descartado la idea de ponerse un corsé a última hora. Naíra en particular, que la conocía más, se había dado cuenta de que llevaba menos ropa de la que solía vestir para sesionar, lo que le daba una ligera idea de por dónde iban a ir los tiros. Lyanna solía quitarse la mayoría de prendas conforme avanzaba la sesión, además de por circunstancias varias, debido al cansancio y al sudor que éste le provocaba. La última vez que sesionaron juntas le había comentado que era un incordio para ella sudar tanto cuando sesionaba, porque le cortaba el rollo bastante el hecho de estar tan mojada. Era algo que físicamente le resultaba lo suficientemente desagradable como para ser un problema a la hora de sesionar, por lo que estaba empezando a tomar medidas al respecto. Y, teniendo en cuenta que en aquella ocasión iba a dominar a 3 chicas al mismo tiempo, las circunstancias eran más que desfavorables en ese sentido. Por otro lado, Naíra pensó que quizá su amiga tendría algo especial preparado, pero dejó de darle vueltas al tema en cuanto ella abrió la boca.
— Bien, espero que os hayáis puesto algo cómodas las tres — Lyanna comenzó a hablarles en un tono serio, pero aún dentro de lo amigable —, porque se os va a terminar el chollo dentro de muy poco. Esto va por todas, pero sobre todo por Ares y Lydia, que no habéis sesionado conmigo antes.
Lyanna repasó con la mirada las caras y cuerpos de sus tres sumisas antes de continuar.
— Os voy a poner tres normas muy simples que más os vale cumplir a rajatabla.
Ninguna de las tres era especialmente dominante. Las tres eran switch con tendencia sumisa, especialmente en el caso de Lydia. Naíra era la única que tenía cierta tendencia rebelde cuando era sometida, a diferencia de las otras dos, que eran sumamente obedientes. A ella, por su parte, le encantaba rebelarse y provocar a su dominante cuando quería que le diera más juego, pero con Lyanna esas ocasiones habían sido muy escasas, dada la intensidad con la que solía dominarla ella.
Pese a ello, cuando surgía la ocasión, a ella le encantaba ponerla en su lugar. En su última sesión juntas, Lyanna le había dado a elegir a Naíra entre dos dildos para usar con ella, uno notablemente más grande que el otro. Naíra no se lo pensó mucho y escogió el grande, y Lyanna se burló de ella diciéndole que, por ser tan avariciosa, usaría el pequeño en su lugar. Era un tipo de dinámica habitual entre ellas.
— Primera norma. Me trataréis de “Usted” en todo momento, no quiero oír ni un solo tuteo. Os referiréis a mí como “Ama” o “Señora” y lo diréis cada vez que os dirijáis a mí. ¿Entendido?
— Sí — respondieron Ares y Lydia al unísono.
— Sí, ¿qué? — Lyanna elevó el tono, al tiempo que daba un paso hacia ellas.
— ¡Sí, Señora! — se corrigieron ambas.
— Bien. Creía haberos entendido mal.
Naíra era la única que había respondido adecuadamente, y su Ama se había percatado de ello.
– Segunda norma. No me miraréis a la cara en ningún momento a menos que os lo ordene, os dé permiso explícito u os obligue físicamente, ¿queda claro?
Naíra ya estaba acostumbrada de ocasiones anteriores, por lo que ya tenía la cabeza agachada. Sus dos amigas hicieron lo propio de inmediato.
— Muy bien. Última norma. Esta no es tan protocolaria, pero no por ello quiero que le deis menos importancia, porque de hecho es la más importante y la que peor paradas os hará salir si la incumplís. Vosotras estáis aquí para hacer exactamente lo que yo os diga, cuando yo os lo diga y sólo lo que yo os diga. No quiero que hagáis absolutamente nada sin mi permiso y si no os he dicho explícitamente que lo hagáis. ¿Queda claro?
— Sí, Señora — respondieron al unísono las tres.
Ares y Lydia se miraron la una a la otra durante un instante. Ambas parecían asustadas, debido a la impresión que les daba haber comenzado así una sesión. Unas normas tan estrictas eran algo a lo que ellas en absoluto estaban acostumbradas, y sentían una mezcla de euforia y miedo que las hacía estar muy expectantes ante lo que pudiera ocurrir en la sesión. Y preocupadas por obedecer correctamente a su exigente Ama, claro.
Lyanna abandonó de golpe el tono serio e imponente que había empleado desde que se había unido a ellas y esbozó una ligera sonrisa. Parecía como si hubiera cambiado de personalidad en un abrir y cerrar de ojos.
— Perfecto. Si necesitáis ayuda para aprenderos alguna de las normas, no os preocupéis, que yo os la daré encantada— les dijo, soltando una risa de lo más maquiavélica, propia de alguien que era muy consciente que estaba a punto de disfrutar muchísimo.
Aquello desconcertó a Lydia y a Ares, que se sentían aún más intimidadas que antes. Naíra, por su parte, apenas se inmutaba. Lyanna era la de siempre. Esa demonio que llevaba consigo seguía ahí dentro, tan viva como siempre. Lo que ninguna de ellas sabía era que Lyanna tenía algo muy especial preparado para el comienzo de la sesión. Algo que ninguna de las cuatro había probado antes.
Una vez terminó de reírse de ellas, y tras comprobar que todas habían agachado la mirada, se dispuso a dar el siguiente paso. Incluso ella misma estaba algo nerviosa; dominar a tres personas por sí misma era todo un reto. Había planificado bien la sesión, y confiaba en que todo iría sobre ruedas. Se le daba tan bien improvisar que no temía en absoluto quedarse con la mente en blanco o algo por el estilo. Lo peor que podía ocurrir realmente era que alguna de sus sumisas fuera más desobediente de lo esperado, pero tenía a su disposición medios más que suficientes para corregir esa clase de actitudes.
— Tú, ven aquí — ordenó, señalando a Lydia, quien obedeció sin dilación.
Naíra observó cómo Lyanna le decía algo al oído, con una clara intención de que el resto no escucharan nada. Por la forma en que su Ama gesticulaba y sonreía, debía tratarse de alguna clase de directrices, sin duda. Además, Lydia estaba visiblemente nerviosa, mientras que su interlocutora se recreaba en cada ininteligible palabra que salía de su boca. La verdad es que Naíra no terminaba de acostumbrarse a la forma en que su Ama disfrutaba tanto de cada pequeño detalle.
— Bien, ¿lo has entendido?
— S-sí, Ama.
Lydia se retiró, y Ares fue llamada en su lugar. Con ella comenzó a hacer lo mismo: parecía querer darle una serie de instrucciones sin que el resto se enterase. A Naíra empezaba a poderle la curiosidad.
— ¿Qué te ha dicho? — preguntó en voz baja a su amiga.
— ¡Eh! ¡Silencio ahí! ¿Quién coño te ha dado permiso para hablar? — exclamó Lyanna, visiblemente molesta, pero con una sonrisa de oreja a oreja que dejaba claro que algo, probablemente fuerte, estaba a punto de ocurrir.
Naíra agachó de nuevo la cabeza y guardó silencio inmediatamente. Sin embargo, se percató de que, a diferencia de Lydia, Ares estaba cada vez menos nerviosa conforme escuchaba a su Ama hablarle al oído. Los gestos de Lyanna eran similares a los que hizo cuando habló con Lydia, pero la reacción de Ares no tenía nada que ver con la de su otra amiga. Tras despacharla, Ares regresó a su lado y se colocó en la misma posición que ella, cabizbaja de frente hacia Lyanna.
Finalmente, le llegó el turno a Naíra. Acudió a la llamada de su Ama, y esta comenzó a susurrarle al oído como había hecho con sus amigas.
— Bien. ¿Estás nerviosa?
— U… Un poco, Ama — respondió con voz temblorosa.
Enseguida Naíra reparó en el detalle de que ni Ares ni Lydia habían dicho una sola palabra cuando les había tocado el turno a ellas, ni tampoco habían respondido a nada mediante la gesticulación. Se habían limitado a escuchar sin inmutarse. ¿Acaso no les había preguntado nada a ellas?
— No te preocupes, enseguida te relajarás. Ahora quiero que simplemente obedezcas en todo cuanto te diga y seas una buena chica, ¿vale? Sé lo bien que sabes hacerlo, y quiero que le causes una buena impresión a las otras dos.
Algo no le cuadraba a Naíra. Se estaba derritiendo por dentro con cada palabra que Lyanna le decía, además de lo jodidamente inferior que se sentía a ella en aquel momento, pero una parte de su mente no podía dejar de pensar en que había algo que no le encajaba.
— Y, sobre todo, quiero que disfrutes de esto. Hemos hecho cosas juntas, pero te aseguro que nada parecido a lo que vamos a hacer hoy. Dime, ¿vas a portarte bien?
— Sí, Ama.
— ¿Vas a ser una buena chica para mí?
— S…sí, Ama.
Naíra tenía una fijación muy fuerte con que le dijesen “buena chica”. La ponía a otro nivel. Uno muy por debajo.
— Eso es justo lo que quería oír. Ya sabes lo que ocurrirá si no lo haces.
Lyanna se apartó un momento de ella y levantó la mirada hacia Lydia y Ares. Naíra tenía la sensación de que le había dicho a ella cosas completamente diferentes a lo que les había dicho a sus dos amigas. Pero escuchar de nuevo la voz de Lyanna hizo que de pronto esos pensamientos se esfumasen de su mente para no volver más.
— Muy bien, ya os he explicado todo lo que tenía que explicaros a las tres. No me decepcionéis, o habrá consecuencias.
Naíra estaba de espaldas a su Ama, lo que le impidió darse cuenta de que tenía en ese instante la sonrisa más maquiavélica que hubiera visto nunca en ella.
— Sujetadla.
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