La cadena invisible
Me encuentro en una posición un tanto peculiar entre nosotras, teniendo en cuenta nuestra dinámica habitual. Sin embargo, por alguna razón que desconozco, se me hace extrañamente familiar, y en absoluto me siento fuera de lugar. Estás sentada en el sofá, acomodada y desnuda, mientras que yo estoy arrodillada frente a ti, justo delante de tus pies. Te he dejado ponerte cómoda, para que te sea más fácil quedarte completamente quieta, como te he ordenado. En esta ocasión, quiero que al principio estés lo más relajada posible. No te preocupes, esa tranquilidad te va a durar muy poco. Me observas con atención, sin mover un ápice de tu cuerpo. Yo, sin embargo, no te devuelvo la mirada, sino que estoy centrada en lo que tengo entre mis manos. Sujeto tu pie derecho con mi mano izquierda, mientras que con la derecha acaricio suavemente tu pierna. Estoy terminando de examinarla empleando únicamente la vista y el tacto, tom...